A los dieciséis años tuve otro sueño

A los dieciséis años tuve otro sueño, es lo único que dice Don Bosco. Aunque al parecer la familia Turco supo más de ese sueño.

Cuando Juan estudiaba en Castelnuovo, hizo amistad con un joven llamado José Turco.

La familia de su amigo poseía una viña situada en una paraje denominado Renenta, próximo a la aldea de Susambrino.

Juan se retiraba con frecuencia a esta viña, porque era un lugar apartado que atravesaba el valle y muy tranquilo.

Desde un altozano podía ver quien entraba en la viña y, sin ser visto, defendía las uvas de cualquier agresión, sin dejar por eso los libros.

El padre de José Turco estimaba al amigo de su hijo y al encontrarse con él en una ocasión, le dijo mientras le ponía la mano en la cabeza:

─Animo, Juanito, sé bueno y estudioso y verás como la Virgen te protege.

─En Ella he puesto toda mi confianza ─replicó el muchacho─, pero me asaltan dudas. Deseo seguir los cursos de latín y hacerme sacerdote, pero mi madre no tiene medios para ayudarme.

─No temas, muchacho, ya verás cómo el Señor te allana el camino.

─Así lo espero ─concluyó Juan.

Y despidiéndose fue a ocupar su puesto en actitud pensativa, mientras repetía.

─¿Quién sabe, si…?

Algunos días después, el señor Turco y su hijo vieron a Juan atravesar la viña y llegar alegre y presuroso a su encuentro.

─¿Qué novedades hay?, ─preguntó el propietario─; estas alegre y hace unos días te mostrabas muy preocupado.

─¡Buenas noticias! ¡Buenas noticias!, ─exclamó Juan─.

Esta noche he tenido un sueño, según el cual continuaré mis estudios, llegaré a ser sacerdote y me pondré al frente de numerosos niños, dedicándome a la educación de los mismos durante toda la vida.

─Así que todo está arreglado y pronto seré sacerdote.

─Pero eso no es más que un sueño ─observó el señor Turco.

─¡Oh! Lo demás nada me interesa. Sí, seré sacerdote; me pondré al frente de muchísimos jóvenes, a los que haré mucho bien.

A los dieciséis años tuve otro sueñoY así diciendo, muy contento, se dirigió a ocupar su puesto de vigía.

A la mañana siguiente, al regresar de la parroquia, donde había oído misa, fue a visitar a la familia de Turco.

La señora Lucía llamó a sus hermanos, con los que Juan hablaba con frecuencia y le preguntó el motivo de la alegría que reflejaba en el semblante.

Juan entonces aseguró que había tenido un sueño hermoso. Le pidieron que lo contase y así lo hizo.

Que había visto venir hacia sí a una majestuosa Señora que conducía un rebaño

 numerosísimo y que acercándosele y llamándole por su nombre, le había dicho:

─Juanito, aquí tienes este rebaño; a tus cuidados lo confío.

─¿Y cómo haré yo para guardar y cuidar tantas ovejas y tantos corderillos?

¿Dónde encontraré pastos suficientes?

La Señora le respondió:

─No temas; yo estaré contigo.

Y desapareció.

Don Juan Bautista Lemoyne, biógrafo de San Juan Bosco, escribe en las Memorias:

Esta narración la oímos de labios del señor Turco y está perfectamente de acuerdo con la siguiente declaración consignada por Don Bosco en las Memorias del Oratorio:

A los dieciséis años tuve otro sueño.

Y concluye Lemoyne:

Tengo la seguridad de que supo y vio muchas cosas de las narradas por él y que conservaba en su corazón como premio de su perseverante confianza.

En efecto: la asistencia que la Madre Celestial le prodigó en este mismo año, hubo de hacerse muy sensible.

 

Mirando hacia el porvenir: sueño 3. Año 1831.

(M. B. Tomo I, págs. 243-244.—M. O. Década 1, pág. 4.)

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