El ayer que se nos fué

El ayer que se nos fue, es el título del libro escrito por Pedro Úbeda, recientemente publicado, en editorial Valdavia.

Me complace traer a Vigo Bosco, la entrevista que realizé a Pedro. Él es uno de los amigos de juventud, que con el paso del tiempo y pese a las circunstancias de distancia física, no solo no se difuminan, sino que, por el contrario, su amistad crece y afianza mucho más, hasta convertirse en  un recuerdo permanente. Este es el caso de mi querido amigo Pedro Úbeda Rosendo.

Pedro, dedicado al mundo empresarial durante toda su vida laboral, en la rama de la ingeniería, ha descubierto su compatibilidad con el mundo de las letras, y primero fue la publicación de El manuscrito de Ribadavia y ahora El ayer que se nos fue, sobre el que va la entrevista.

P1.                  Un libro sobre una etapa del Vigo que muchos recordamos y además prologado por el Alcalde. Esto es llegar y besar el santo. ¿Qué motivaciones te han llevado a escribir este libro?

R1.                  Que el alcalde de Vigo haya accedido a prologar el libro, es motivo de gran satisfacción y agradecimiento. Por lo que respecta al motivo supongo que hay que buscarlo en la nostalgia que cada uno tiene de su tierra cuando la vive desde fuera. Especialmente para un gallego. Porque el pasado representa una etapa importante en la vida de las personas y para mantener vivo el recuerdo de una ciudad que se nos fue en parte pero que, como el Ave Fénix, ha sabido renacer de sus cenizas superándose a sí misma.

El ayer que se nos fuéP2.                  Tu libro en apariencia se trata de una autobiografía, pero hay en él también algo de ensayo…

R2.                  Sinceramente no sabría cómo calificarlo. Teniendo en cuenta que los recuerdos suelen apartarse en buena medida de la realidad, se podría decir que parte de la narración es novelada, pero también puede haber algo de ensayo si como tal se consideran ciertos pensamientos y alguna digresión. Y por supuesto biografía, pues por ahí desfilan algunos personajes que han dado vida a este escrito.

P3.                  ¿Se nos fue el ayer?

R3.                  Eso es lo que pensamos cuando echamos una mirada hacia atrás. Pero creo que no, al menos mientras vivamos, porque forma parte de nuestra naturaleza. Al contrario que las ciudades que por crecer al mismo ritmo que lo hacemos nosotros no nos damos cuenta del cambio, los recuerdos son como una imagen fija que permanece inalterable en el transcurrir de los años.

P4.                  ¿Por qué escribir sobre el pasado? Agua pasada no mueve molino…

R4.                  Pero sigue siendo agua y siguiendo su curso quizá encuentre otro molino al que mover. El pasado es lo que permanece, no lo que ya no está.

P5.                  Tras más de cincuenta años de ausencia, ¿es posible hablar de raíces?

R5.                  Siempre me ha parecido que las raíces del ser humano son más extensas que profundas, por ello nos acomodamos a los cambios con relativa facilidad. Pero es evidente que los primeros cuidados, los que se realizan durante la siembra marcan el desarrollo de la futura planta. Esa siembra representa para nosotros la infancia y la adolescencia y por ello se vuelve la mirada hacia esas etapas para comprender mejor la evolución posterior.

P6.                  Pero lo que se recuerda está tamizado a través de una memoria engañosa. Nada es como creemos que fue. Eso al menos dices en alguna parte del libro.

R6.                  Y es verdad. La memoria no borra nada; en todo caso lo distorsiona, como el negativo de una fotografía. El tiempo y las experiencias vividas adulteran aquella realidad pretérita, pero el sentimiento pervive.

P7.                  ¿Tan importante es recordar? ¿No será más efectivo mirar hacia el futuro?

R7.                  Supongo que depende de la edad. Una persona joven puede ilusionarse con el futuro porque  tiene toda una vida por delante, o eso cree, pero el “porvenir” no deja de ser una probabilidad, una quimera o, si se quiere, una utopía a la que se aspira pero no se vive. Pero mirar hacia atrás no implica ensimismarse en el pasado o retroceder; al contrario, es cerciorarse de que disponemos de una base sólida en la que apoyarnos para catapultarnos hacia el futuro, un futuro que cuando se alcanza se hace presente para convertirse inmediatamente en pasado. Es nuestro destino: caminar en espiral.

P8.                  Remedando el final de Casablanca: “Siempre nos quedará el presente…”

R8.                  Ya, pero repito, el presente es una etapa de transición. Se nos escapa a cada instante para convertirse en pasado. Y es en éste donde se concentra nuestra esencia. Sólo nos queda el pasado como certeza. Por eso pienso que “somos ayer” y por ello tratamos de no olvidarlo. Sin pasado no somos nada.

P9.                  Para finalizar, ¿cuáles son tus expectativas?

R9.                  ¿Sobre el libro? Hombre, espero que se lea y si es posible que se disfrute de la lectura tanto como yo lo he hecho al escribirlo. Al fin y al cabo la historia es la película del pasado y en ese guión participamos todos aportando nuestro pequeño grano de arena a lo largo de los siglos.

Y como sospecho que también me preguntas si tengo ya algo pensado para un nuevo libro, te diré que estoy dándole vueltas a algo como “La vida a los ochenta” o algo similar, pues no en vano ambos y otros amigos comunes, hemos alcanzado esta maravillosa edad, donde los proyectos han de tener, al menos, el mismo peso que los recuerdos, para seguir manteniéndonos ilusionados.

 

 

El ayer que se nos fuéRafael Martínez Sidrach-Cardona

One thought on “El ayer que se nos fué

  1. Sobresaliente tanto el entrevistado como el entrevistador. Es interesante y se lee con agrado. Enhorabuena.

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