El enfermero santo

El enfermero santo hace referencia al laico salesiano Artemides Zatti.

La Congregación Salesiana tendrá un nuevo santo, ejemplo de vida para todos, especialmente para aquellos que se entregan al cuidado de los enfermos y los que sufren.

Con profunda alegría, nos unimos al anuncio que realizó el Papa Francisco en el consistorio del sábado 27 de agosto relativo a la canonización del beato Artémides Zatti, conocido como «el enfermero de los últimos», quien desarrolló una encomiable labor en la Patagonia.

Don Zatti fue hermano coadjutor salesiano.

Fue de Italia a Argentina en 1897 y rápidamente se convirtió en un ejemplo de cercanía y entrega.

Dedicó cuarenta años de vida consagrada al servicio de los enfermos de la zona de Viedma y Carmen de Patagones, especialmente a los más pobres.

En ellos veía al mismo Jesús y con dedicación, cariño y dulzura se desvivía por ellos.

Hasta el momento, los santos de la Familia Salesiana han sido fundadores de congregaciones (como el P. Murialdo, Madre Mazzarello o el mismo Don Bosco); acompañantes espirituales (Don José Cafasso);  jóvenes oratorianos (Domingo Savio) y mártires (los salesianos Versiglia y Caravario).

Fueron cincuenta años de vida entregada a la atención de personas enfermas en contextos de vulnerabilidad que «le valieron la santidad».

Su alegría, diligencia y entusiasmo se esparcen desde Boretto, su lugar de nacimiento, y desde Viedma, la tierra donde entregó su vida, al mundo entero.

Artémides Zatti (1880-1951)

Nació en Italia, pero, con su familia, emigró a Argentina en 1897.

Allí estudió con los salesianos y a los 20 años ingresó como seminarista en la Congregación.

Enfermó de tuberculosis y es enviado, en 1902, al hospital salesiano de Viedma.

Allí pide a María Auxiliadora la curación y promete entregar toda su vida al cuidado de los enfermos.

“Creí, prometí, curé” (Zatti)

En 1908 hace su profesión religiosa como salesiano laico (coadjutor), no sacerdote, y, allí en el hospital de Viedma, despliega su actividad incansable en favor de los enfermos.

Con su bicicleta, visita a los enfermos del pueblo y de otras localidades vecinas, siempre disponible, siempre atento, siempre buen samaritano.

Falleció de cáncer el 15 de marzo de 1951.

Fiel al espíritu de Don Bosco, desarrolló una actividad incansable durante toda su vida, con excepción de los cinco días que pasó en la cárcel… por haber recibido en el hospital a un preso, que luego se fugó.

Sobre todo, fue un hombre de Dios. 
Uno de los médicos del hospital dijo: “Creo en Dios desde que conozco al señor Zatti”.

Su fama de “enfermero santo” se extendió rápidamente y el templo de la obra salesiana de Viedma, donde reposan sus restos, se convirtió en lugar de veneración popular.

 

Luciano García Medeiros.

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