Febrero de 2021

Febrero de 2021, a mis queridos salesianos y a todos los miembros de la Familia Salesiana.

Acabamos de celebrar la fiesta de Don Bosco, que es para nosotros modelo, padre y maestro.

También realizamos, durante este mes de enero, en la Inspectoría, la campaña vocacional.

A lo largo de estos meses estoy teniendo la oportunidad de escuchar historias de vida de muchos salesianos y miembros de nuestra familia, que me permitieron asomarme al misterio de la llamada de Dios que hay detrás de la respuesta vocacional de las personas.

Tal vez por esto, mi mirada en estas buenas noches, se ha vuelto a aquellos años en los que el joven Bosco maduró su vocación durante la década que pasó en la ciudad de Chieri.

“Quién ha crecido entre bosques, sin ver más que algún pueblecito de provincias, se impresiona sobremanera ante cualquier novedad, por pequeña que fuere”.

Así narra en las Memorias del Oratorio, su llegada a aquella ciudad en la que durante cuatro años en las escuelas públicas y seis en el Seminario, don Bosco puso los cimientos firmes sobre los que construyó la casa de su vida.

Aquellos años fueron decisivos para su educación y formación.

En Chieri, Juan maduró, vivió un proceso de incubación de esa opción por los jóvenes que conformaría la misión de su vida y recibió la formación sacerdotal básica para llevarla a cabo.

En Chieri, el joven Bosco desarrolló su ingenio y cualidades, vivió una alegría exuberante y maduró la amistad auténtica.

Encajó también sinsabores y desprecios, decepciones ante personas que defraudaban sus expectativas.

Buscó el acompañamiento espiritual que le ayudará a discernir en su vocación y aprendió a elegir con realismo las personas que quería que estuvieran cerca de su vida.

Todos los sacrificios realizados para poder sacar adelante sus estudios y responder a la vocación que llevaba consigo, le sirvieron en la edad adulta como recurso pedagógico al servicio de sus jóvenes.

Nada se desperdició. Aquellos diez años ayudaron al joven Bosco a madurar humana y espiritualmente.

Los cimientos que cada uno hemos echado a lo largo de nuestra vida nos están permitiendo, en estos tiempos de vendavales y tormentas, mantener nuestra casa en pie.

Durante estos meses he podido acercarme al misterio de muchas personas y compartir cientos de historias de vida.

Jesús nos pidió que construyéramos nuestra casa sobre roca y esa parábola me lleva acompañando cada vez que veo la inseguridad, el miedo, el dolor y las secuelas emocionales que produce la situación que estamos viviendo y que pone a prueba nuestra fortaleza.

Mirar a Don Bosco y conocer su historia, nos ayuda a sus hijos a encontrar respuestas para el hoy de nuestras vidas.

Nuestra vida es una vocación. Una respuesta a la llamada de Dios para ser signos y portadores de su amor.

Releer nuestra historia vocacional, como hizo Don Bosco con la suya propia, no es solo hacer memoria nostálgica de tiempos pasados, sino descubrir la presencia de Dios en nuestra vida, que nos sigue invitando a aprender de lo vivido y a hacer de la esperanza el motor de nuestro presente.

Este es mi deseo para este nuevo mes que empezados y para este año en el que toda la Congregación y la Familia Salesiana están invitadas a dejarse mover por la esperanza.

Un fuerte abrazo.

 

Febrero de 2021Fernando García Sánchez

Inspector SSM

 

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