Formación para ejercer la política

Formación para ejercer la política, es un tema que nos invita a preguntarnos por los requisitos para ejercer esta profesión.

Y parece ser que la política es una de las poquísimas profesiones para las que no se exige ninguna formación.

De la misma forma que para ser un buen docente, religioso, sacerdote, médico, enfermero, arquitecto, abogado, militar o policía, se necesitan unos estudios, unos años de prueba, un tiempo de experiencia, ¿no se podría pedir unos años de formación para ejercer la política?

Del mismo modo que a los candidatos a policías y, por supuesto, a los candidatos al sacerdocio, se les exige una mínima garantía de moralidad o de buenas costumbres, igualmente se podría “poner a prueba” la moralidad de los candidatos a ser políticos.

Luego pasa lo que pasa, y lo que pasa, a veces, desmerece de lo que cabría esperar de personas supuestamente formadas, pero lo cierto es que la política debe ser una de las poquísimas profesiones para las que no se exige ninguna formación. La política, a veces, parece una ambición.

Debería ser una vocación. Y todas las vocaciones requieren presupuestos formativos y morales.

El evangelio de Lucas cuenta una escena que da mucho que pensar. Jesús, en la entrañable cena de despedida antes de su pasión, tomó el pan y dando gracias lo pasó a sus comensales diciendo: “esto es mi cuerpo, entregado por vosotros”.

Uno imagina que aquellas personas tendrían los “ojos en blanco” y estarían embargadas de emoción. No parece que ocurriera eso. Pues el evangelista cuenta que “entre ellos hubo un altercado”, pues discutían sobre cuál de ellos era el mayor.

Entonces Jesús dijo unas palabras para que tomemos nota todos, pero sobre todo para que tomen nota los que ocupan algún cargo de responsabilidad dentro y fuera de la Iglesia: “los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores”.

Tiene su ironía eso de que, encima que son unos corruptos, se hagan llamar bienhechores. Pero se comprende perfectamente, porque la corrupción no tiene límites.

Y ahora vienen las palabras de las que conviene tomar nota, dirigidas directamente a los del grupo de Jesús: entre vosotros, ¡nada de eso!; entre vosotros, el que gobierna, debe servir.

He dicho que deben tomar nota de estas palabras los que están dentro y fuera de la Iglesia. No pretendo poner paños calientes, pero quiero pensar que los que están dentro harán más caso de las palabras de Jesús. Y los que no hagan caso, si están dentro, al menos se quedarán con mala conciencia. Y si se quedan con mala conciencia, a lo mejor algún día hasta se arrepienten.

 

Luciano García Medeiros

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