José de Arimatea

José de Arimatea, según los cuatro evangelios, es un personaje notable de Jerusalén.

Su fiesta es el 17 de marzo y me ha entrado la curiosidad el saber algo más acerca de esta persona que conoció a Jesús e intervino después de su muerte, con una valentía increíble.

El teólogo Ariel Álvarez Valdés, cuenta en un relato interesante Cómo fue el entierro de Jesús. Puedes bajarlo aquí. 

Los cuatro evangelistas se refieren a él en el mismo episodio y cada uno lo presenta de una manera distinta.

Mateo, 26, 57-60

Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús.       

Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran.     

José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca.

Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue.

Marcos, 15, 43-47

Intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.           

Pilato se extrañó de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente era así.          

Después de escuchar al centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús.   

José lo bajó de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba.      

María Magdalena y María, la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.

Lucas, 23, 50-55

Intervino entonces un hombre bueno y justo llamado José, que era miembro del Consejo Supremo, pero que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros.

Era de Arimatea, una ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.     

Se presentó, pues, ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro nuevo cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún.      

Era el día de la Preparación de la Pascua y ya estaba para comenzar el día sábado.     

Las mujeres que habían venido desde Galilea con Jesús no se habían alejado; vieron de cerca el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo.

Juan, 19, 38-42

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente, por temor a los judíos. Pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.         

Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.      

Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.      

En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.         

Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Como vemos José se ocupa de embalsamar y enterrar a Jesús, por eso la tradición cristiana lo tiene como patrón de embalsamadores y sepultureros.

Es cuanto se nos dice de él.

Era un discípulo de Jesús, clandestino, por miedo, y ahora con gran valor reclama el cuerpo del ajusticiado.

Jesús muere ignominiosamente, Pedro reniega de Él tres veces en público, los apóstoles  se esconden o se dispersan, y al final, el único que da la cara, que se arma de valor, es un discípulo secreto que hasta ahora no se atrevía a declarar su condición.

José de Arimatea inspira un gran respeto, y la leyenda, que le hace recoger en el Gólgota, con el santo Grial, la sangre de Cristo, subraya esa dignidad.

El sale de la sombra en el peor momento con una valentía que no tuvieron los más fieles.

Quizá mal visto por los apóstoles, que podían reprocharle que no se comprometiera, tiene el arrojo, la serenidad y la decisión valiente, de pedir el cuerpo de Jesús.

Por eso se le venera, por haber hecho valientemente misericordia con el Señor.

Leyendas Medievales.

José de ArimateaDe acuerdo con leyendas medievales, José de Arimatea era hermano menor de Joaquín, padre de la Virgen María, que lo convierte en tío abuelo de Jesús.

Le atribuyen el traslado del Sudario, el Grial y otras reliquias desde la ciudad de Jerusalén a otros sitios en la cuenca del Mediterráneo.

Es protagonista de la apócrifa Declaración de José de Arimatea, escrita en primera persona

Estos evangelios apócrifos también señalan que el lugar donde se realizara la última cena era de su propiedad.

Tras la resurrección de Jesús, fue encarcelado, acusado por los judíos de haber sustraído el cuerpo de su sepulcro.

Se le encerró en una torre, donde recibió la visión del Cristo resucitado y la revelación del Misterio del que el Santo Grial es símbolo.

«Tú custodiarás el Grial y después de ti aquellos que tú designarás», habrían sido las palabras de Jesús.

Después de ser liberado, y debido a la persecución de los judíos en Jerusalén, con un grupo de cristianos embarcó en uno de sus barcos y navegaron hasta las costas de Francia en el Mediterráneo.

Guillermo de Malmesbury en su Hechos de Los Reyes Ingleses narra que José llegó a las islas Británicas en el año 63, estableciéndose en la ciudad de Glastonbury, donde fundó la primera iglesia británica, consagrada a la Virgen, y adonde, según leyendas de la Edad Media, llevó el Santo Grial.

Las leyendas y los relatos evangélicos católicos, se mezclan en contar historias sobre este personaje.

La cuestión es que nadie, ni los discípulos, ni los familiares de Jesús se hicieron cargo del cuerpo del ajusticiado.

José de Arimatea realiza esta obra de misericordia con el Maestro. Merece todo el respeto y admiración por ello.

Su acción es un testimonio auténtico.

 

JesúsJesús Muñiz González.

 

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