Julio de 2021

Julio de 2021. A mis hermanos Salesianos y a todos los miembros de la Familia Salesiana.

Reunidos los jóvenes en el prado, dábamos tiempo para jugar un poco a las bochas, a los tejos; se tocaba un tambor y después una trompeta; se convocaba así a la reunión y la partida. Procurábamos, primero, que todos oyeran misa y poco después de las nueve partíamos hacia Superga. Unos portaban cestos de pan; otros, queso, embutido o fruta y otros artículos necesarios para aquel día. Se guardaba silencio hasta las afueras de la ciudad; luego comenzaba el bullicio, los cantos y los gritos.

Con esta frescura y precisión narra Don Bosco una de las excursiones realizadas ccon sus jóvenes en la época del Oratorio itinerante.

Con todo lo escrito en sus Memorias, el recuerdo de las peripecias vividas, se convierte en criterio pedagógico para iluminar y orientar la vida de nuestra familia.

Esa fue su intención y así lo acogemos también hoy en estas buenas noches del mes de julio.

La convivencia con los jóvenes en un ambiente festivo y desenfadado es para nosotros, elemento esencial de nuestra vida salesiana.

En este verano, gracias al esfuerzo, responsabilidad y buen hacer de muchas personas, más de ocho mil muchachos van a participar en nuestras casas en diferentes convocatorias de tiempo libre.

Como en aquel paseo a Superga, estas actividades replicarán un ambiente de relaciones y confianza, que hace posible esa cercanía y familiaridad, que encarna nuestra pedagogía y espiritualidad.

Más de uno de los que leéis estas buenas noches, podéis estar pensando que ya no estáis para estos trotes y que esa convivencia veraniega con los muchachos es un recuerdo del pasado, porque por ocupaciones o por edad, ya no es posible estar con los jóvenes de la misma manera que antes.

Así es la vida y así fue también la de Don Bosco.

El relato narrado y vivido en primera persona corresponde a una época de la vida de Don Bosco.

Luego le vinieron otras en las que le tocó «estar de otra manera», pero en las que nunca dejó de tener a los jóvenes, cerca o lejos, en el centro de su corazón.

No perdamos nuestra pasión salesiana, no dejemos que se enfríe esa cercanía con los jóvenes que se nos invita a vivir como auténtico sacramento.

Los modos podrán ser diversos pero la orientación dada por Don Bosco, en la madurez de su vida, no puede ser más clara para nosotros:

El maestro al que se le ve solo en la cátedra es maestro y nada más; pero si participa del recreo de los jóvenes se convierte en hermano. Si a uno se le ve en el púlpito predicando, se dirá que no hace más que cumplir con su deber, pero si dice en el recreo una buena palabra, es palabra de quien ama. Jesús se hizo pequeño con los pequeños. He aquí el maestro de la familiaridad.

Comenzamos el mes de julio.

Los muros de algunas de nuestras casas que tradicionalmente albergan campamentos y actividades de tiempo libre, van a recuperan la alegría de las risas y juegos  de los chicos, tras haber estado muchos meses en silencio.

Mi deseo es que esta noticia, sea un motivo de esperanza para cada uno de vosotros.

Que se encienda la llama de nuestra pasión salesiana para seguir dando calor y luz a los jóvenes de nuestras casas.

Lo de menos es si subimos a Superga, vamos a Pirineos, a Somalo, o nos reunimos en Mohernando o Cambados.

Lo importante es que la convivencia genere afecto, el afecto confianza y así seamos buena noticia y mensaje de Jesús, para los jóvenes de nuestras casas.

Un fuerte abrazo.

 

Julio de 2021Fernando García Sánchez

Inspector SSM

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