La lectura

La lectura es la segunda parte del cuento En dónde está el amor allí está Dios.

Cuanto más avanzaba en la lectura, más clara cuenta se daba de lo que Dios quería de él y cómo hay que vivir para Dios.

Con ello iba penetrando dulcemente la alegría en su alma.

Antes, cuando se iba a acostar, suspiraba y gemía evocando el recuerdo de su hijo; ahora se contentaba con decir:

─¡Gloria a Ti! ¡Gloria a Ti, Señor! Esa ha sido Tu voluntad.

Desde entonces la vida de Avdieitch cambió por completo.

Antes se le ocurría, en los días de fiesta, entrar en el traktir(1) a beber té y a veces un vaso de vodka.

En otras ocasiones comenzaba a beber con un amigo llegando a salir del traktir, no ebrio, pero sí un poco alegre, lo que le movía a decir simplezas y hasta a insultar a los que hallaba en su camino.

Todo esto desapareció.

Su vida se deslizaba actualmente apacible y dichosa.

La lecturaCon las primeras luces del alba se ponía al trabajo, y terminada su tarea, descolgaba su lámpara, la ponía sobre la mesa, y, sacando el libro del estante, lo abría y comenzaba a leer.

Cuanto más leía más iba comprendiendo, y una dulce serenidad invadía poco a poco su alma.

Una vez le ocurrió que estuvo leyendo hasta más tarde que de costumbre.

Había llegado al Evangelio de San Lucas y vio en el capítulo VI los versículos siguientes:

La lectura

Martín leyó estas palabras, y su corazón fue penetrado de alegría.

Se quitó las gafas, las dejó sobre el libro, apoyó los codos sobre la mesa y quedó pensativo.

Comparó sus propios actos a esas palabras, y dijo:

─¿Estará mi casa fundada sobre roca o sobre arena? Bien estaría si fuera sobre roca.

¡Qué feliz se siente uno cuando se encuentra a solas con su conciencia y ha procedido como Dios manda!

En cambio, cuando se distrae de Dios, puede volver a incurrir en el pecado.

De todos modos, he de seguir como hasta aquí, porque esto es bueno. ¡Dios me ampare!

Después de haber así pensado, quiso acostarse; pero le apenaba mucho dejar el libro de la mano, y aun comenzó a leer el capítulo séptimo.

Allí leyó la historia del centurión y del hijo de la viuda, y la respuesta de Jesús a los discípulos de San Juan.

Llegó al pasaje en que el rico fariseo invitó a su casa al Señor.

Vio cómo la pecadora le ungió los pies y se los lavó con sus lágrimas, y cómo le fueron perdonados sus pecados.

Luego en el versículo 44 leyó:La lectura

Leyó este versículo y pensó:

“Tú no me has dado agua para los pies, no me has dado el ósculo de paz, no has ungido con aceite mi cabeza”.

Y Martín, quitándose de nuevo las gafas, dejó el libro y volvió a reflexionar:

“Sin duda —se decía— era como yo aquel fariseo. Yo también he pensado únicamente en mí.

Con tal que yo bebiese té, que tuviese lumbre y que no careciese de nada, casi no me acordaba del convidado.

Sólo pensaba en mí, y nada en el huésped; y, sin embargo ¿Quién era el convidado? ¡El Señor en persona!…

Si hubiera venido a mi casa, ¿Hubiera yo procedido de esta manera?”.

Y Martín, apoyando los codos sobre la mesa, dejó caer sobre las manos la cabeza y se durmió sin darse cuenta de ello.

—¡Martín! —dijo de pronto una voz a su oído.

—¿Quién está ahí?

Se incorporó, miró hacia la puerta, y no viendo a nadie, volvió a dormirse.

Pero, en el acto, oyó estas palabras:

—¡Martín! ¡Eh Martín! Mira mañana a la calle que yo vendré a verte.

El zapatero, despierto de su sopor, se levantó de la silla y se frotó los ojos.

El mismo no sabía si aquellas palabras las había oído en sueños o en realidad.

Al fin apagó la lámpara y se acostó.

Al día siguiente, antes de la aurora, se levantó, rezó su acostumbrada plegaria, encendió su estufa y puso a cocer su sopa y su kacha(2), hirvió su samovar(3), se puso el mandil y se sentó al pie de la ventana para comenzar la cotidiana tarea.

Mientras trabajaba no podía apartar de su imaginación lo que la víspera le ocurriera, y no sabía qué pensar: Tanto le parecía que había sido juguete de una ilusión, tanto que en realidad le había hablado.

—Éstas son cosas que suceden en la vida —se dijo.

Martín siguió trabajando, y de vez en cuando miraba por la ventana, y cuando pasaba alguno cuyas botas no conocía, se inclinaba para ver, no sólo los pies, sino la cara del desconocido.

Pasó un dvornik(4) con botas de fieltro nuevas, luego un aguador, después un viejo soldado del tiempo de Nicolai, calzado de botas tan viejas como él, ya recompuestas, y provisto de una larga pala.

Hasta aquí la segunda parte de En donde está el amor allí está Dios.

 

(Continuará)

León Tolstoi

 

 

 

 

 

Notas

(1) Traktir: Especie de café taberna.

(2) Kacha: Preparación de la cocina rusa y polaca, elaborada con sémola de alforfón mondada, cocida en agua o en grasa. La kacha se puede enriquecer con queso, huevos u hongos, y también se puede gratinar.

(3) Samovar: Especie de tetera rusa.

(4) Dvornik: Portero.

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