La soledad

La soledad parece que irrumpe como nunca, en la vida de muchas personas.

En otros países más desarrollados seguramente este fenómeno, ya hace muchos años que se presentó.

En el nuestro, hace ya bastante tiempo que también se ha ido instaurando cada vez con mayor fuerza.

Antiguamente pocas personas vivían solas.

Primero lo hacían con su familia parental de la que se desvinculaban generalmente, al contraer matrimonio.

Pocas veces se emancipaban si no era para crear su propio hogar.

En la vejez, los hijos, en la mayoría de los casos, se hacían cargo de los padres ancianos, cuidándolos y en muchas ocasiones acogiéndolos en su casa.

Pero a medida que la sociedad se desarrolla y las amas de casa se incorporan al trabajo fuera del hogar, éstas no siempre pueden hacerse cargo de sus mayores, como antaño.

Digo el sexo femenino, porque la mayoría de las veces, son las mujeres las cuidadoras.

Por ello nos encontramos que, actualmente, hay demasiados ancianos que viven solos, o bien están en residencias de mayores en las que algunos están bien adaptados y atendidos y otros, no tanto.

Sin embargo, al margen de la calidad de la atención recibida, se pueden sentir solos o no.

Algunos se sienten solos porque no tienen familia.

Otros, porque no les visitan con la frecuencia deseada, o ni los visitan.

Lo peor es que no todos puedan ingresar en una residencia por falta de plazas o recursos económicos.

La soledad emocional de los mayores, se agrava si ya no son autónomos y no pueden vivir solos en su casa, aun con las ayudas externas sociales y sanitarias, que no siempre existen.

Un acontecimiento que conlleva fuertemente a sentir la soledad, en especial a personas de avanzada edad, es la pérdida del cónyuge y sobre todo si después viven solos.

El hecho de que cada vez seamos más longevos, incrementa los centros de día para la tercera edad.

En ellos se ofrecen actividades que favorecen la calidad del envejecimiento, a nivel físico y emocional, así como a nivel social, lo que puede ayudar a paliar la soledad.

Desgraciadamente se dan demasiados casos de ancianos que vivían solos y los encontraron fallecidos en su casa, sin que nadie les echara en falta.

Estos casos son más probables en las ciudades donde la gente no se conoce, que en los pueblos, donde los vecinos se conocen todos y se apoyan.

Pero la soledad no solo es cosa de mayores, en todas las edades se puede experimentar este sentimiento.

Sentirse solo no depende de estar solos.

Podemos estar rodeados de personas, relacionarnos, y sentir que nos invade la soledad, porque no es lo mismo estar solo que sentirse solo.

Se puede estar solo y sentirse a gusto, sentirse con uno mismo.

La  soledad no entiende de edades, en cualquier momento de la vida, aparece, sintiéndo un vacío interior que provoca malestar.

En estas circunstancias, es conveniente intentar buscar plataformas, colectivos, grupos sociales, afines a nosotros y a nuestros intereses, para compartir actividades satisfactorias e interactuar socialmente con ellos.

Pero si no nos es posible conseguirlo, sería conveniente buscar ayuda profesional para superar este sentimiento negativo, que nos hace infelices.

Sin embargo, a parte de todas estas oportunidades para encontrar una forma de paliar la soledad, una forma y posiblemente la que más nos puede ayudar, es la de encontrar a Dios dentro de nosotros, sentir que nos acompaña, y en esto nos puede ayudar acercamos a comunidades o grupos religiosos, como la asociación de AA.AA, u otras asociaciones afines, en las cuales seguro siempre seremos bien recibidos.

 

La soledadMaite Serra Sorribes

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.