Los gorriones estaban muy alborotados

Los gorriones estaban muy alborotados. Es como si ya supieran lo que íbamos a hacer.

Nos sentamos en el banco.

Entonces Alba me indicó que sacara la flauta.

Luego dijo a los pajarillos que yo iba a tocar para hablarles.

A continuación me invitó a saludarlos.

Así lo hice, repitiendo los sonidos de saludo que Alba me había enseñado.

Enseguida cantaban repitiendo mi saludo una y otra vez.

Y yo los entendía. Distinguía perfectamente su saludo. Era maravilloso.

Entonces Alba me dijo:

─Ahora háblales, despacio.

Así que repetí varias veces seguido:

─Hola, hola, ¿cómo estáis?

Y su canto una y otra vez decía: “hola, hola”.

─Escucha atentamente. Ellos también te contestan y preguntan cómo estás tú. ─Y dirigiéndose a los gorriones, les dijo: ─Repetid “cómo estas” para que mi amigo aprenda.

Efectivamente ellos repitieron su canto una y otra vez, hasta que asimilé bien el sonido de la frase.

Entonces me arranqué:

─Estoy muy bien, feliz, de aprender a comunicarme con vosotros.

─Repite eso de “estoy feliz”, ─insistió Alba.

Así que repetí: “estoy feliz, estoy feliz, estoy feliz”.

Ellos cantaban una y otra vez, y entendí perfectamente, sin que Alba me lo dijera, que ellos también estaban felices.

Toda la mañana estuve aprendiendo, frases, palabras. Me parecía un juego maravilloso, algo irreal.

El tiempo se deslizó veloz.

─Tenemos que comer algo, yo estoy desfallecida.

Dijo Alicia riendo. Miré el reloj. Pasaban unos minutos de las dos.

─Tienes razón. Hoy os invito yo a comer.

Y alegremente nos fuimos todos a mi nido. Ya me contagiaba con el lenguaje de los gorriones.

En un santiamén llegamos a mi piso. Vivía en un quinto. Disponía de una cocina muy bien provista, con una puerta que daba a un cuartito que utilizaba de comedor diario.

Me gustaba mucho comer allí, porque un gran ventanal me permitía contemplar la ría, con las Cíes al fondo.

─¡Qué maravilla!

Exclamaron tía y sobrina a un tiempo.

Al momento les serví un vino blanco bien frío y un paté a la pimienta.

─Dedicaros a la contemplación, mientras preparo la comida. Os aseguro que no tardaré más de quince minutos.

No tardé mucho en tener una sartén al fuego con patatas. En cuanto estuvieron a medio freír, preparé otra para los huevos con jamón.

Entonces abrí una botellita de Rioja y dispuse la mesa, poniendo en el centro una gran fuente de huevos, jamón y patatas fritas.

─Tenías razón, ─dijo Alicia, ─Aun no pasaron los quince minutos.

─Y esto está delicioso, ─añadió Alba, mojando pan en los huevos.

Durante unos minutos, apenas hablamos, devorando la improvisada pitanza con buen apetito.

─No cabe duda de que el mejor condimento de una comida es tener ganas y la buena compañía.

Dijo Alba, cuando su plato estuvo reluciente.

─Me parece que habéis quedado con hambre.

─Ni hablar, ─exclamó Alicia, riéndose. ─Esta “medicina” para el colesterol es suficiente para un día.

Después preparé una buena tetera, y ante las tazas humeantes, Alba inició la conversación.

─¿Qué te ha parecido la clase de hoy?

─Fantástica.

Y me quedé mirando a las dos, sin saber que más añadir.

─Pues ahora, si te parece, podemos redondear la clase.

─ ¿Y cómo? ¿Vamos a volver al parque para seguir las conversaciones?

─No, no es necesario. Podemos continuar la clase, aquí mismo.

─Mi casa es vuestra. Disponed de ella libremente.

Alicia se echó a reír.

─No lo repitas, que te tomamos la palabra, yo podría quedarme horas viendo a través de esta ventana.

─Y yo…

Ahí se quedó la frase en el aire, porque no me atreví a añadir lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento.

─Y yo.. pues ya me dirás como continuamos la clase. No tengo piano.

─No hace falta. Vamos a repasar minuciosamente el canto de los gorriones de esta mañana.

─Tú dirás.

Entonces Alicia sacó del bolso una pequeña grabadora.

─Con esto, ─prosiguió Alba. ─Aquí está grabado todo.

─ ¿Puedo sacar una copia en el ordenador?

─Claro, y hasta puedes analizar, con un programa cada uno de los sonidos. Como tienes buen oído, enseguida identificarás cada frase de su canto.

─Es maravilloso.

Hice la copia y luego Alba, me ayudó a identificar cada frase de los cantos con su significado en nuestra lengua.

Lo mejor de todo es que el “¿Cómo estás?” de los gorriones se podría identificar igualmente como “how are you?” o “comment ça va?”.

Del mismo modo, los gorriones no identificaban el idioma, sino el sonido, la entonación, el ritmo. Podían entender cualquier idioma.

Para ellos, de alguna manera, era sencillamente una frase musical.

Igual que cuando oímos una melodía, enseguida decimos la letra en nuestro propio idioma.

Los gorriones hacen el proceso contrario, todo lo que oyen es un canto.

lenguaje universal inteligible para todos.

Los gorriones habían descubierto una manera de entenderse.

Los humanos habíamos desarrollado distintas lenguas para no entendernos.

Pensando en ello, me venía a la cabeza aquella frase de Miro Pereira, el personaje de Platos combinados: “E logo din co parvo son eu”.

 

Los gorriones estaban muy alborotadosJesús Muñiz González

3 thoughts on “Los gorriones estaban muy alborotados

  1. Me encantan las historias de los gorriones, de su lenguaje universal, y qué tan bien están aprendiendo, Alicia y su tío. Como muy bien dices, Jesús, los gorriones tienen un sólo idioma en todo el mundo, por lo que se entienden sean del país, que sean, cosa que los humanos no tenemos, pero ciertamente, hace ya muchos años hubo un intento de hacer una lengua común para todos los hombres, El Esperanto, que como sabéis, era la unión de varios idiomas, mezclándose palabras de unos y otros, pero no fue posible que tuviera éxito, era una empresa demasiado difícil, para que todos se pusieran de acuerdo.

    1. De todos modos no va tan mal el esperanto, pues lo hablan dos millones de personas y hay 800.000 estudiantes. Eso quiere decir que no está desapareciendo. Hay que tener esperanza y dejarlo crecer, poco a poco.

  2. Muy bonito cuento de los gorriones. Aquí en el parque frente a mi casa hay pajaritos que yo los interpreto que me dicen donde está Esmeralda.

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