Los gorriones no me permitían conciliar el sueño

Los gorriones no me permitían conciliar el sueño. Ocupaban todos mis pensamientos.

Después de acompañar a Alicia a su casa, seguía como en trance. Todavía no encontraba explicación a que alguien anodino como yo, pudiera ser elegido por alguien como Alba, una científica de prestigio.

Hasta ahora mi vida era un barco sin rumbo. Llevaba una vida tranquila, sin objetivos.

Sabía algo de inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Tocaba un poco la flauta. Podía leer las notas en el pentagrama.

Manchaba pequeños lienzos con pinceladas chinas.

Y aquellos gorriones que me acompañaban en mis ratos contemplativos, sentado en un banco del parque, pasaban a ser protagonistas en mi vida.

Enseguida me vino al pensamiento que los gorriones eran como yo, seres insignificantes, pajarillos de lo más común.

Busqué en internet la palabra gorrión y me encontré con que su nombre científico es “passer domesticus”, o sea, pájaro doméstico.

Es decir, que los pájaros paseriformes son los pájaros con forma de gorrión.

Cuánto me quedaba por descubrir sobre estas aves.

De pronto algo tan insignificante como un gorrión se convertía en un signo de buena salud para el ser humano.

Ese pajarillo tan común, tan sin importancia, señalaba el ser o no ser de la existencia humana.

Descubrir que lo más coriente puede ser importante, me llevó a pensar que mi vida también podría serlo.

Y no por hacer algo extraordinario, sino por plantearme que la vida de uno, al entrar en comunicación con otras formas de vida, establece una relación que hace comprensible la existencia.

Desde la ventana de mi habitación veía las estrellas. Su luz me llegaba a través del espació viajando a una velocidad que ya solo se puede medir en tiempo.

Y yo estaba descubriendo que allí cerca, unos seres diminutos, cuya vida era tan frágil que se morían por un golpe de calor, se comunicaban de una forma inteligible.

Alba hablaba con ellos y ahora se me abría la posibilidad de que yo también pudiera hacerlo.

Mi vida a partir de hoy sería una aventura sorprendente.

Soñaba despierto como si fuera el primer día de mi existencia.

Y de ese modo, invadido de pensamientos optimistas e ilusionados, llegó la mañana.

Llevé a cabo todas mis tareas de forma rutinaria, con el pensamiento alborotado, deseando que llegara el momento de ir a buscar a Alba.

Las horas transcurrieron lentamente preparándome para el encuentro.

Al fin me encaminé a su casa. Llamé al timbre desde el portal. Me contestó Alicia indicándome que subiera.

En el ascensor pensaba si le habría ocurrido algo a Alba.

No era así, me esperaba sonriente y me sorprendió su pregunta.

─ ¿Traes tu flauta? Me dijiste que te gustaba tocar la flauta.

Sonreí. Siempre llevaba conmigo una pequeña mochila, con un bloc, lápices de colores y mi flauta.

Antes de que dijera algo, prosiguió diciendo:

─ Me olvidé de decirte que antes de volver a escuchar a los gorriones, debes aprender las notas de su canto. Te será más fácil entenderlos.

Me llevó a un saloncito en el que había un piano vertical.

Se sentó en el taburete y me invitó a sacar mi flauta.

Me extrañó no ver a Alicia y como si leyera mi pensamiento Alba me dijo que estaba terminando un trabajo, porque después nos acompañaría al Castro.

Dio unas notas en el piano.

─ Esto equivale en los gorriones a nuestro “¿Cómo estás?”. Ahora repítelo en la flauta.

Así lo hice.

─ Estupendo. Aprenderás enseguida las frases más sencillas. Con la flauta puedes hablar con ellos, igual que con las palabras.

─ ¿Los gorriones entienden igual las palabras que los sonidos?

Alba me explicó que los gorriones tienen como una especie de “traductor” o “inversor” y todo lo que oyen lo trasladan a su propio lenguaje de sonidos.

De ese modo no importa la lengua en la que se les hable, español, chino, japonés o alemán. Ellos lo trasladan a los sonidos que ellos emiten.

De ese modo lo entienden todo.

─ Eso es… es…

─ Increíble. Eso pensé yo también. Su traductor supera con creces al de Google.

Y al decir esto Alba se echó a reír por la gracia de su propio chiste.

La verdad es que me parecía entrar en una dimensión mágica, como en un cuento de ciencia ficción.

─ Cuando iba descubriendo todo eso, percibía con una fuerza inmensa la sabiduría de Quien lo había creado.

Las palabras de Alba conmocionaban todo mi ser. El egocentrismo del ser humano nos ha llevado a mirar a todos los demás seres vivos como algo que forma parte de la decoración del planeta en que vivimos.

Algunos disfrutan de una mayor presencia en nuestra vida, como acompañantes o despensa.

A muchos, sencillamente los ignoramos o no nos preocupamos de su existencia, a menos que sean una molestia, en cuyo caso buscamos la manera de eliminarlos de nuestra vida.

Actuamos con una prepotencia arrogante y devastadora.

Nuestra relación no va más allá del grado de domesticación a que los hemos sometido.

Después de una pequeña charla, impregnada de humildad y conocimiento, continuó con sus clases sobre el canto de los gorriones.

Cuando hube asimilado algunas frases básicas de conversación, llegó el momento de hacer las prácticas.

Alicía se presentó, lista para acompañarnos.

Se me antojó que la luz que brillaba en sus ojos castaños la embellecía hasta el punto de volverme torpe.

Los gorriones no me permitían conciliar el sueñoJesús Muñiz González

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