Los Santos en Osera

Los Santos en Osera puede significar dos cosas: El día de Todos los Santos en el Monasterio de Osera, o que en el Monasterio de Osera hay Santos.

Pues bien, después de pasar allí el fin de semana del 30 de octubre al 1 de noviembre tengo que decir que las dos son ciertas.

La cuestión es que tengo un amigo asiduo huésped del monasterio y como me dijo que iba a ir ese fin semana, decidí acompañarle.

Al final formamos cuatro la expedición.

El viernes por la tarde quedamos en mi casa a las 4 de la tarde.

Primero llegó mi amigo M y un poco más tarde J y F.

Enseguida salimos en el auto de J.

Aun no sabíamos si nos pararían a la salida del pueblo pues al parecer estaba cerrado por el Covid19.

No hubo ningún problema, enseguida entramos en la autovía rumbo a Osera.

En el camino se nos mostraba el otoño en toda su plenitud con pinceladas de variados colores.

Los Santos en OseraLlegamos antes de las seis.

M había reservado y nos esperaban.

Nos dirigimos a las habitaciones, aun disponíamos de unos minutos antes del oficio de Vísperas, la sexta oración del día.

Mi habitación era la doce.

Es una estancia bien amplia, con un espació entre la puerta que da al claustro y otra que da acceso a la habitación.

Es amplia. Consta de una mesa escritorio y un balconcito al fondo. A la izquierda se abre un espacio con dos camas y a la derecha el cuarto de baño, con ventanuco al exterior.

Encima de la mesa hay una biblia de Jerusalem, el libro de los rezos y el horario.

En la puerta de entrada un cartel avisa que este es un lugar de oración, por ello se recomienda acompañar a las monjes en el rezo del oficio divino.

Se advierte del uso de mascarilla en todos los lugares comunes, y el uso del líquido desinfectante antes de entrar a cualquier lugar.

También se pide guardar silencio en los rezos no levantar la voz sobre la de los monjes.

Ya faltan pocos minutos y me dirijo a la capilla.

Saliendo a la izquierda, al fondo, una puerta da acceso a la zona donde está la capilla y las celdas de los monjes.

La capilla, en penumbra y muy austera tiene forma rectangular.

No hay retablo, solo una pared de piedra y en ella un gran crucifijo. Debajo, a la derecha un pequeña imagen de la Virgen.

Un poco antes un pequeño altar.

En las paredes laterales los sitios de los monjes.Los Santos en Osera

Al entrar a la derecha, dos bancos con reclinatorio para los visitantes, más a la derecha el armonio y el ambón.

Según entran los monjes hacen una gran reverencia al altar y ocupan su lugar.

Comienza el oficio de Vísperas. Un monje entona y los demás siguen el rezo y su voz es como una caricia que te sumerge en un mundo interior.

Apenas dura media hora y al terminar siento que he cruzado el umbral hacia otra vida.

De nuevo el silencio.

En una salita a continuación de las habitaciones podemos reunirnos y hablar, sin levantar mucho la voz.

El silencio nos acoge como el regazo de una madre.

La cena es a 19,45. Cada uno en una mesa con la distancia indispensable.

El hermano César nos atiende. Es joven y alegre. Bendice la mesa y luego nos sirve una sopa, caliente y sustanciosa.

Poco después de la cena suena la campana a intervalos de tres en tres, hasta doce. Es el ángelus.

Entramos en la capilla para el oficio de Completas, el último del día.

Son las 9, la hora del descanso y el gran silencio.

Porque aquí, en Osera, hay silencios de todos los tamaños. Este es el grande.

Los horarios son diferentes a los de mi vida ordinaria. Aquí tendré que levantarme a las 4 para asistir al Oficio de lecturas.

Las horas transcurren muy lentas, porque no alcanzo el sueño profundo.

Cuando despierto después de lo que parece mucho tiempo, veo que solo son las doce.

Muy lentamente llega la hora de levantarse.

Los Santos en OseraAdemás de los salmos, en este Oficio hay dos lecturas, la primera es bíblica y la segunda de algún escritor eclesiástico y que se corresponde con el tiempo litúrgico.

Las lecturas alargan un poco más este momento de oración.

Aunque el rezo de los monjes es como arrullo apacible no me da sueño.

Después de este tiempo de oración queda más de una hora hasta el siguiente y regresamos al lecho.

Luego me levanto con tiempo suficiente para ir a la ducha antes del oficio de Laudes.

Llego media hora tarde porque confundo el horario de semana con el domingo.

En la misma capilla se celebra la eucaristía.

A continuación ya es el desayuno.

Rodajas de pan que saben deliciosas untadas con mantequilla y mermelada.

Aun queda más de una hora hasta el siguiente rezo.

El oficio de Tercia es a las 10,30.

Luego tenemos dos horas de descanso hasta el siguiente.

Salimos fuera.

En estos intervalos los monjes trabajan.

Así de sencilla es aquí la vida: Ora et labora.

Y esto es todos los días, las semanas, los meses, los años…

Podría parecer que esto es monótono, siempre igual.

No es así, cada hora es diferente.

Yo lo sé bien, porque en mi vida también los días se suceden uno tras otro, haciendo lo mismo.

El gozo de vivir supera todas las rutinas.

Hay que elegir como se quiere vivir cada momento, pero lo importante de verdad es vivirlo.

El oficio de Sexta es a la una.

En realidad tercia, sexta y nona, es el rezo de la hora intermedia. En la vida ordinaria se puede hacer uno solo.

Aquí en la Comunidad de Osera se hacen tres, el de nona es después de comer, a las 3 de la tarde.

Apenas poco tiempo después de comer.

Luego hay un descanso largo hasta las 6,30 que será el rezó de Vísperas.

Son siete momentos de oración durante el día.

En los intervalos se trabaja, se come y se duerme.

Así de sencilla es la vida monacal, todo el tiempo ocupado y distribuido a lo largo del día.

El domingo es diferente. Laudes se reza media hora más tarde y a las 11,30 es la Eucaristía en otra capilla donde viene gente de fuera y se hace juntamente con el Oficio de Tercia.

Con el Oficio de Vísperas se vuelven a ajustar los horarios.

El domingo hay tiempo para ir a la tienda y adquirir algunos de los productos que tienen a la venta los monjes.

El regreso a casa es el domingo después de comer.

Yo vuelvo a mi vida y los monjes seguirán allí en Osera con la suya.

Desde luego me quedo con el deseo de unirme a ellos varias veces al día con la liturgia de las horas.

De esta manera nos unimos en la iglesia universal haciendo lo que Jesús recomendaba siempre: “Orad para no caer en tentación”.

Y las tentaciones son muchas, sobre todo la de no hacer nada, que es la gran tentación.

Allí se quedan, los santos en Osera, pero aquí fuera de aquellos inmensos muros de piedra, hay otros santos, no me cabe duda.

 

Jesús Muñiz G.

Los Santos en Osera

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