Más feo que Picio

Más feo que Picio es una expresión que se utiliza para expresar que una persona es muy fea.

Las crónicas populares del siglo XIX narran la historia de un zapatero que habitaba en la población de Alhendín, cercana a la ciudad de Granada.

Este artesano cometió un grave crimen y fue condenado a la pena capital.

Estando en capilla para ser ajusticiado, le  llegó el indulto.

Más feo que PicioFuera por el miedo que pasó al verse a las puertas de la muerte, fuera por la emoción que le produjo el saberse devuelto a la vida, lo cierto es que su cuerpo sufrió raras transformaciones:

Perdió todo el cabello, se le cayeron las cejas y las pestañas y su cuerpo quedó como contrahecho.

Una vez indultado, intentó rehacer su vida en la población de Lanjarón.

Para ocultar su fealdad cubrió su rostro con un amplio pañuelo.

Y dicen que nunca pisó la iglesia para no tener que quitarse el pañuelo que cubría sus deformaciones.

Murió finalmente en Granada.

La fealdad de este curioso personaje se hizo tan popular que ha quedado presente en la expresión

eres más feo que Picio.

Este suceso nos relata la historia de este hombre y su fealdad exterior.

Sin embargo, si reflexionamos sobre la fealdad, la peor es la interior, que no se resalta a la vista.

Cabe preguntarnos ¿Cómo es nuestro rostro que no se ve, nuestro rostro interior?

Solo cada uno y Dios sabe cómo somos: los demás solo podemos intuirlo y seguro que nos equivocamos.

Podemos mirarnos en el espejo de Jesús y reflexionar sobre su vida y su interior.Más feo que Picio

Y a la luz de su mirada ir descubriendo como somos a los ojos de Dios y de los demás.

El Espíritu Santo, la gracia, la oración, la escucha y meditación de la Palabra de Dios irán embelleciendo nuestro rostro interior.

La fortaleza y belleza interior también se refleja en las penalidades de la vida, por ejemplo, en las dificultades por las que estamos pasando en estos tiempos.

El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos.

Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios.

Ser humildes y saber controlar nuestros malos deseos.

No hay ley que esté en contra de todo esto. Manos a la obra.

 

Esta es la oración que el Papa ha rezado y que anima a todos a rezar en esta situación contra el Coronavirus.

 

Oh María,

Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza.

Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformamos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos.

Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección.

Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios.

No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡ohVirgen gloriosa y bendita!

Amén.

 

Luciano García Medeiros

Más feo que Picio

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