Su método de educación

Su método de educación debe ser en base de amabilidad. 1836.

Se acercó un día a José Turco, con quien tenía gran amistad, mientras trabajaba en la viña.

Y éste empezó a decirle:

─Ahora eres seminarista, muy pronto serás sacerdote; después, ¿Qué harás?

Juan respondió:

─Mi intención no es la de hacer de párroco o coadjutor.

Me gustaría recoger conmigo muchachos pobres y abandonados para educarlos cristianamente e instruirles.

Otro día que se encontró con él, en confianza le contó que había tenido un sueño.

En el cual había comprendido que, con el andar del tiempo, establecería su morada en cierto lugar donde recogería a muchos jovencitos para instruirles en el camino de la salvación.

No determinó el lugar.

Parece que se refería a lo que contó por vez primera en 1858 a sus hijos del Oratorio, entre los que estaban Cagliero, Rúa, Francesia y otros.

En el sueño se le ratificaba su método de educación.

Había visto el valle bajo la alquería de Susambrino convertirse en una gran ciudad.

Por sus calles y plazas corrían turbas de chicos alborotando, jugando y blasfemando.

Juan tenía horror a la blasfemia y era de carácter pronto y vehemente.

Se acercó a los muchachos, riñéndoles por blasfemar y amenazándoles si no se callaban.

Como no cesaran de lanzar horribles insultos contra Dios y la Santísima Virgen, Juan empezó a golpearles.

Ellos reaccionaron y, echándosele encima, descargaron sobre él fuertes puñetazos.

Y huyó.

Entonces le salió al paso un Personaje.

Le requirió a detenerse y a volver hasta aquellos arrapiezos, para persuadirles a ser buenos y no hablar mal.

Juan objetó que le habían pegado y que peor le iba a ir, si volvía otra vez con ellos.

Entonces aquel Personaje le presentó a una nobilísima Señora que se adelantaba, y le dijo:

─Esta es mi madre; entiéndete con ella.

La Señora, dirigiéndole una mirada llena de bondad le habló así:

─Si quieres ganarte a estos pilluelos, no has de presentarles cara con golpes, has de atraerlos con dulzura y persuasión.

Y entonces, como en el primer sueño, vio que los muchachos se transformaban en fieras y después en ovejas y corderos, que él tomó como pastor por orden de la Señora. Era el pensamiento del profeta Isaías convertido en visión: “Hasta los que eran tan feroces como las fieras del campo, me darán gloria con su buena conducta”. (Is. 43,20).

Vemos cómo Dios le va anunciando cuál será su oficio principal durante toda su vida, y cuál es el método que debe emplear para educar a la juventud.

En el primer sueño le muestra que debe convertir fieras en corderos.

Después en el siguiente le advierte que no ponga su confianza en medios humanos sino en la ayuda de Dios.

Y en el de los 15 años, la Virgen le promete que no le faltarán las ayudas del Cielo para el oficio que tiene que hacer.

Ahora le avisa que su trabajo será en una gran ciudad y que todo su oficio de educador debe ser hecho a base de bondad y amabilidad, tratando de convencer a los jóvenes por las buenas y nunca por medio de la brusquedad o de la violencia.

Ese será su método de educación.

Con razón sus antiguos compañeros de seminario, cuando llegaban después de muchos años a Turín y veían las grandes obras educativas de Don Bosco, exclamaban emocionados: “Todo esto nos lo había anunciado ya Juan cuando era joven seminarista”.

Sueño núm. 8 (MB, 1, 342)

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