La ausencia de los gorriones

La ausencia de los gorriones le restaba vitalidad a la plaza. Cruzamos muy despacio la calle y entonces me di cuenta que la anciana tenía muchos más años de lo que yo creía. Pedí una manzanilla y un té negro. Mientras nos sirvieron recobró el aliento y comenzó a contarme su historia. “Mi nombre es Alba. Nací en Santo Domingo, aunque mis padres son españoles. Ellos querían que me criara aquí, así que cuando cumplí…

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