Una mujer viuda pobre

Una mujer viuda pobre es una de las mujeres del Evangelio en quien se fija Jesús.

En el capítulo 12 del evangelio de Marcos nos encontramos con un relato sobre una viuda pobre a la que Jesús va a poner como referente de conducta para sus discípulos. Jesús y esta mujer no entran en relación, pero él queda impactado por su generosidad y fe.

Mirar lo que importa

Jesús estaba en el Templo de Jerusalén cerca del lugar donde estaban los recipientes en los que se depositaban las ofrendas.

Sentado observaba como la gente echaba en ellos sus donativos y se fija en una mujer que trae dos monedas de muy poco valor y las deposita en uno de los cofres (Mc 12, 41-44).

Una mujer silenciosa, que casi pasa desapercibida a los ojos de la gente que circulaba por el recinto, pero que estaba entregando todo lo que tenía para vivir.

Su humilde gesto contrasta con las “generosas ofrendas” de la gente rica que sin duda llamarían la atención y provocarían la admiración de los presentes.

Sin embargo, para Jesús su ofrenda es más valiosa que la de aquellos ricos, a los que apenas les había supuesto nada dar el dinero porque tenían mucho, pues ella no solo entrega lo que necesita, sino que lo hace sin alardes y seguramente con profunda fe. (Mc 12, 41, 43-44).

Esta mujer es viuda y además pobre, y esta situación la coloca socialmente en el lugar más vulnerable.

En una sociedad patriarcal en la que los varones ostentaban el poder en todos los ámbitos de la vida, la posición de una viuda que carece de bienes y, posiblemente, no contaba con el amparo que le podría ofrecer un hijo adulto o un familiar cercano. (Lv 22, 13; Rth 1, 8), es extremadamente desgraciada y su único apoyo es Dios al que ofrece lo poco que tiene.

La historia aparece al final de una serie de conversaciones que Jesús tiene con dirigentes religiosos judíos en el Templo y que van a ser determinantes en el conflicto que le lleva a la muerte (Mc 11-12).

En el centro de ese conflicto estaba en juego una imagen de Dios alternativa, inclusiva y cuestionadora de muchas prácticas y legalismos que abrumaban y excluían, especialmente, a quienes eran más vulnerables.

En este contexto es significativo que Marcos sitúe esta escena justo después de una enseñanza de Jesús en la que critica la conducta de los maestros de la Ley (Mc 12, 38-40). Estos hombres se ganaban la vida estudiando e interpretando la ley de Moisés recogida, fundamentalmente, en la Escritura pero que, a lo largo de los años, se había ido desarrollando en numerosos y complicados preceptos y normas que regulaban cada detalle de vida de todo judío piadoso.

Por lo tanto, tenían la importante tarea de ayudar a profundizar en las Escrituras y a vivir de acuerdo con ellas (Esd 7, 9-12), pero entre ellos había quienes usaban su misión religosa para adquirir privilegios y abusar de los más débiles.

Un modelo de conducta

Al ver a esta mujer Jesús llama a sus discípulos para que se acerquen porque quiere que valoren la generosidad de su gesto en medio de tanto donativo presuntuoso y vacío.

Una mujer viuda pobrePero también desea que caigan en la cuenta de los abusos que se pueden realizar en el nombre de Dios (Is. 10, 1-2; Mal 3,5) y de cómo a veces en nombre de la religión se cargan pesadas normas difíciles de cumplir para los pobres.

Al poner en el centro a esta mujer viuda y el gesto que realiza, se hace evidente que se ha expulsado a los márgenes a quien debería estar en el centro de las preocupaciones de quienes se dicen implicados en las cosas de Dios (Dt 24, 17-23).

Jesús critica ese modo de actuar denunciando cómo los maestros de la ley hacen alarde de su estatus, buscan los primeros puestos en cualquier celebración y se enriquecen a costa de las mujeres indefensas (Mc 12, 38-40).

Esta descripción es justamente la cara opuesta de lo que va a valorar de la viuda pobre.

El honor que perseguían para si mismos los escribas es el que Jesús otorga a esta mujer.

Al visibilizar su forma de actuar está cuestionando los valores religiosos que estos maestros pretendían representar.Una mujer viuda pobre

El texto no menciona ningún encuentro entre Jesús y la viuda, y el relato termina sin que Jesús haga nada para que la situación de la mujer mejore como suele ocurrir en otros relatos.

Quizá, al evangelista solo le interesa recordar el momento en que Jesús la señalaba como referente de conducta, para invitar a su comunidad a vivir desde la gratuidad como un modo de responder a lo que Dios espera de ellos y ellas.

Seguramente esta mujer ni siquiera vio a Jesús, pero ha quedado en la memoria de las comunidades cristianas como un modelo a seguir.

Ella representa a quienes hay que cuidar y proteger en la nueva comunidad del Reino.

No quiero sacrificios sino un corazón sincero.

Después de este relato, Marcos nos presenta la profecía de Jesús sobre la destrucción del templo (13, 1-2).

La historia de la viuda sirve así para ilustrar la corrupción de las autoridades religiosas y del propio Templo.

Una pobre mujer, viuda y solo es capaz de hacer algo mucho más grande y loable que muchos de los ricos y poderosos que exhibían su poder y riqueza en el lugar sagrado.

Esta viuda no recuerda hoy la importancia de vivir la fe, no desde los ritos sino desde el corazón.

No se trata de mostrar nuestra devoción, ni nuestra generosidad para las cosas de Dios sino de poner al servicio de quien está necesitado de pan, de palabra o de hogar lo que tenemos, porque Dios no quiere ofrendas y sacrificios, sino compasión y fidelidad (Os 6,6).

 

Una mujer viuda pobreCarme Soto Varela

Catequistas / febrero 2021

Mujeres en el Evangelio.

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